{"id":11300,"date":"2025-10-13T18:48:23","date_gmt":"2025-10-13T18:48:23","guid":{"rendered":"https:\/\/factor-h.org\/?p=11300"},"modified":"2025-10-13T19:40:28","modified_gmt":"2025-10-13T19:40:28","slug":"to-the-rhythm-of-the-veda-al-ritmo-de-la-veda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/factor-h.org\/es\/to-the-rhythm-of-the-veda-al-ritmo-de-la-veda","title":{"rendered":"Al ritmo de la veda"},"content":{"rendered":"<p class=\"translation-block\">Al principio, ir a Barranquitas era como entrar en el mundo de MadMax. El calor, el polvo, la precariedad, la sensaci\u00f3n de estar en un lugar donde todo puede fallar. Pero con el tiempo, algo cambi\u00f3. Tal vez fue aceptar mi misi\u00f3n: ayudar e inspirar. Tal vez fue descubrir que en Barranquitas soy m\u00e1s yo. M\u00e1s ayudador. M\u00e1s humano.<\/p>\n\n\n\n<p>En este pueblo del Zulia, el tiempo no se mide en relojes, sino en faenas. El ritmo lo marca el lago, la luna, el calor, y sobre todo, la veda. Cuando el lago se silencia, el pueblo escucha. Las redes se recogen, los motores se apagan, y la comunidad se repliega hacia s\u00ed misma. Es en ese silencio donde Barranquitas se revela: en sus costumbres, en sus gestos, en su resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas comienzan antes del sol. Los cangrejeros salen a las cinco de la ma\u00f1ana y regresan al final de la tarde. Los que pescan camar\u00f3n se levantan a las dos o tres de la madrugada, vuelven entre las ocho y nueve de la ma\u00f1ana, y repiten la jornada al caer la tarde, regresando entre las nueve y diez de la noche. Los pescadores de pescado se van los lunes en la ma\u00f1ana y no regresan sino hasta el mi\u00e9rcoles en la tarde o el jueves en la ma\u00f1ana. Estos horarios extremos no solo agotan el cuerpo. Tambi\u00e9n desgastan la mente. La falta de sue\u00f1o, el estr\u00e9s constante, la presi\u00f3n de llevar comida a casa, moldean el car\u00e1cter de los hombres del pueblo. En ese entorno, ser duro es la regla. La interacci\u00f3n entre hombres ocurre en la faena, en el esfuerzo compartido. La ternura, aunque existe, suele esconderse detr\u00e1s del cansancio y la costumbre.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-1024x768.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11303\" srcset=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-300x225.jpeg 300w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-768x576.jpeg 768w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-1536x1152.jpeg 1536w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-2048x1536.jpeg 2048w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/2-16x12.jpeg 16w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Incluso en los momentos dif\u00edciles, los ni\u00f1os siempre se mantienen curiosos. FOTO: Gindel Delgado<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La veda no es solo una pausa. Es un tiempo de miedo. Las familias se preparan durante los meses de actividad, guardando comida, haciendo reservas, esperando que alcance. Pero no siempre alcanza. La veda es signo de hambre, de angustia para las madres, de prueba para todos. En esos meses, la incertidumbre se instala en los hogares. Las mujeres, que ya sostienen el d\u00eda a d\u00eda, deben redoblar esfuerzos. Cuidan a los ni\u00f1os, cocinan, limpian, oran. Pero tambi\u00e9n cargan con el peso emocional de la espera, del silencio, de la preocupaci\u00f3n. Y aunque muchas han crecido creyendo que su lugar est\u00e1 en la cocina, en la crianza, en la iglesia, hay mujeres que han roto ese molde. Mujeres que estudian, que trabajan, que pescan, que llevan comida a sus casas. Mujeres que se han convertido en hero\u00ednas, ba\u00f1ando pacientes, curando escaras, viendo la necesidad de sus pr\u00f3jimos y respondiendo con acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-1024x768.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11304\" srcset=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-300x225.jpeg 300w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-768x576.jpeg 768w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-1536x1152.jpeg 1536w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-2048x1536.jpeg 2048w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/3-16x12.jpeg 16w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Mientras los barcos esperan la nueva estaci\u00f3n de pesca, la gente se adapta a los ritmos. FOTO: Gindel Delgado.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En Barranquitas, la rutina tiene sabor a arepa, a caf\u00e9 colado en tela, a pescado frito cuando no hay veda. Las mujeres cocinan con lo que hay, y lo que hay se comparte. La religi\u00f3n convive con la medicina natural, y los rezos se mezclan con infusiones de hojas recogidas en el monte. Las fiestas son sencillas, pero profundas. Un cumplea\u00f1os puede ser una celebraci\u00f3n colectiva, y un duelo, un abrazo extendido por d\u00edas. Los ni\u00f1os juegan en la tierra, los j\u00f3venes se sientan en las esquinas a conversar, y los mayores cuentan historias que mezclan memoria con leyenda. El calor es intenso, y si te maquillas mucho, el d\u00eda te derrite hasta la cara. Aqu\u00ed no hay espacio para las apariencias. La vida se vive como es.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de esta cotidianidad, incluso la salud se vive con urgencia. Conseguir medicamentos como la quetiapina no requiere prescripci\u00f3n m\u00e9dica. En las tiendas del pueblo se vende como cualquier otro producto. Es una realidad que habla de la informalidad, pero tambi\u00e9n de la necesidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Profundamente orgullosos<\/h2>\n\n\n\n<p>Barranquitas es un pueblo que se mira con honestidad. Su gente es cr\u00edtica consigo misma, pero tambi\u00e9n profundamente orgullosa. La solidaridad es una marca que muchos reconocen. Hay historias de personas que han cruzado el Dari\u00e9n, el R\u00edo Bravo, el M\u00e9xico peligroso, esperando a otros barranquiteros. Ninguna calamidad parece grande para ellos. Una selva no es nada. Desde afuera, se suele juzgar con rapidez. Se habla de hogares rotos, de violencia para ense\u00f1ar o restringir, sin entender que a veces es lo \u00fanico que han visto. Pero un hombre que se levanta a horarios extremos, que se enfrenta al sol, a las tormentas, a las trombas marinas, y que a\u00fan as\u00ed es conocido por su generosidad, por cruzar un continente para llevar comida a su hogar, tiene valores profundos. Solo necesitan ser dirigidos, reconocidos, acompa\u00f1ados.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-1024x683.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11305\" srcset=\"https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-1024x683.jpeg 1024w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-300x200.jpeg 300w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-768x512.jpeg 768w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-1536x1024.jpeg 1536w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-2048x1365.jpeg 2048w, https:\/\/factor-h.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1-18x12.jpeg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Incluso con escasez de comida, el juego sigue. FOTO: Gindel Degado.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Recuerdo que cuando empezamos a hacer amigos en el pueblo, todos esperaban el bus porque ya sab\u00edan que \u00edbamos. Nunca olvidar\u00e9 a Franklin Soto, uno de los tres hermanos que viaj\u00f3 al Vaticano a conocer al Papa. Cada vez que sab\u00eda que \u00edbamos al pueblo, nos esperaba en la entrada para darnos un abrazo, para cargar sillas, bolsas de comida, medicinas, para sonre\u00edr. \u00c9l es el ejemplo perfecto de la solidaridad de Barranquitas, de lo que he aprendido all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que la tarea de Factor H es mostrar que hay otras formas de vivir, de crecer, de volverse mujer, de volverse hombre. Que estudiar vuelva a ser importante. Que se rompa con la tradici\u00f3n de que la \u00fanica forma de prosperar es ser pescador, casero o due\u00f1o de playa. As\u00ed como yo, que soy de Caracas, pude ver la capital, viajar a Europa, trabajar con gente de otros pa\u00edses, tambi\u00e9n los ni\u00f1os, padres, abuelos y t\u00edos de Barranquitas pueden ver el valor del estudio, de abrir la mente, de conocer. No es solo ir al colegio, pasar las materias y graduarse. Es entender el poder del conocimiento real, el que rompe con el poder de quienes quieren manipular, quienes nos quieren limitados. Y esto no es una cr\u00edtica a la vida del pescador. Es una reflexi\u00f3n sobre la responsabilidad de quienes hemos sido m\u00e1s afortunados. Incluso yo, que estoy en otro estado, pero en el mismo pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Que te llamen \"Barrranquitero\"<\/h2>\n\n\n\n<p>Ya los amigos bromean con que soy todo un barranquitero. Al principio era solo una broma. Ahora es en serio. Porque me doy cuenta de que no es un honor para ellos llamarme as\u00ed. Es un honor para m\u00ed, ser llamado barranquitero.<\/p>\n\n\n\n<p>And now, I move to the rhythm of the veda.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>At first, going to Barranquitas felt like stepping into the world of Mad Max. The heat, the dust, the precariousness, the sense that everything could fall apart at any moment. But over time, something shifted. Maybe it was accepting my mission\u2014to help and inspire. Maybe it was realizing that in Barranquitas, I am more myself. 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